Admitámoslo: somos un país de mierda

Origen: Admitámoslo: somos un país de mierda

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Un capataz con poder

Cotorreando

Cada quien cava su propia tumba, eso lo sabemos todos. Sin embargo, hay gente tan prepotente y convencida de su grandeza que se considera superior al resto, a nosotros: simples mortales. La prepotencia, la charlatanería, el insulto, la doble moral, la violencia, la burla son las poderosas armas que han sido utilizadas para hacer escarnio cada semana a través de un micrófono. Por varios años muchas personas, de toda edad y condición social, con o sin razón, han sido carne de cañón y han tenido que soportar los burdos ataques de aquel que ‘embrutecido por el poder’ ha encontrado, en cada persona que se ha negado a aceptar sus infamias, la carne de cañón ideal para depositar en ella su rabia y su rencor. Ni siquiera el terrible embate de la naturaleza que ha dejado sin hogar y en la miseria a muchos compatriotas ha logrado cambiar su odio, su…

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Un capataz con poder

Cada quien cava su propia tumba, eso lo sabemos todos. Sin embargo, hay gente tan prepotente y convencida de su grandeza que se considera superior al resto, a nosotros: simples mortales. La prepotencia, la charlatanería, el insulto, la doble moral, la violencia, la burla son las poderosas armas que han sido utilizadas para hacer escarnio cada semana a través de un micrófono. Por varios años muchas personas, de toda edad y condición social, con o sin razón, han sido carne de cañón y han tenido que soportar los burdos ataques de aquel que ‘embrutecido por el poder’ ha encontrado, en cada persona que se ha negado a aceptar sus infamias, la carne de cañón ideal para depositar en ella su rabia y su rencor. Ni siquiera el terrible embate de la naturaleza que ha dejado sin hogar y en la miseria a muchos compatriotas ha logrado cambiar su odio, su tirria hacia quienes finalmente se le han enfrentado porque, por fortuna, tarde o temprano se pierde el miedo.

Qué lástima que hayamos tenido que vivir un embate tan terrible de la naturaleza para que podamos darnos cuenta, en realidad, de lo que ha logrado el cinismo, la ambición, el egocentrismo, la amargura de quienes se consideran dueños de la Patria, de este terruño que nos pertenece a todos. La gente que tiene una mente abierta no impone sus creencias a los demás, no juzga ni maltrata. Sabemos, gracias a lo que hemos aprendido de nuestros antepasados, que el éxito nunca es el final de algo y que el fracaso jamás es fatal porque la persistencia es lo que realmente importa. Recordemos que por alguna razón nos han enseñado que cuando algo terrible sucede tenemos que escoger entre tres cosas: que esta situación  nos defina, nos destruya o nos fortalezca.

 

La herida se cura pero la cicatriz no se borra

A menudo solemos pensar que muchas cosas no tienen sentido. En estos momentos es así como yo me siento, aunque siga esbozando una sonrisa cuando en realidad es el llanto lo que se esconde detrás de ella. Creemos que la depresión es tristeza y que por eso las lágrimas brotan aunque se intente evitarlo, pero no es así, la verdad es que se trata de un estado de ánimo constante que nos lleva a sentirnos bloqueados, perdidos en todo espacio. Esto es sin duda un sentido poderoso de insensibilidad y el deseo ferviente de que podamos volver a enfrentar el día a día, a pesar de todo.

El mortífero terremoto que se produjo en nuestro país ha sido como un despertar que nos lleva a reconocer nuestra vulnerabilidad y a darnos cuenta de que no está en nuestras manos la posibilidad de evitar algo tan pavoroso. Afortunadamente, en ciertos momentos duros y difíciles suele producirse algo constructivo gracias a la fe que nos lleva a creer, incluso cuando nuestro sentido común nos dice que no lo hagamos. Las adversidades nos hacen meditar profundamente en que las dificultades a lo largo de la vida son las que nos permiten ser mejores personas y nos evitan la amargura. Por tanto, lo más conveniente es contar las flores del jardín y no las hojas caídas porque es como contar la vida a través de las sonrisas y no de las lágrimas.

 

 

Se destapó la olla de grillos

 Y lo que tenía que pasar pasó. Cuando menos lo esperaban explotó la bomba y el mundo entero pudo conocer las zapadas que tantos y tantos “escogidos” que aparentaban total honestidad y pureza, pero que no han tenido las famosas manos limpias ni los corazones ardientes que permanentemente divulgaban a los cuatro vientos. Quienes pensaron que la imaginación es más fuerte que el conocimiento, que el mito es más potente que la historia, que los sueños son más poderosos que las realidades, que la esperanza siempre triunfa sobre la experiencia y que la risa es la mejor medicina para las penas terminaron por darse cuenta de que todo eso es un chiste.

El verdadero conocimiento es estar conscientes de lo que podemos hacer, pero la sabiduría es saber cuándo y por qué hacerlo pues las decisiones y las oportunidades que tomamos determinan nuestro destino. Esta es una regla para todos y, en especial, para quienes detentan el poder que los pueblos les han entregado. Por eso (y por mucho más como dice aquella conocida canción) el impacto causado por lo sucedido en uno de los  ‘paraísos fiscales’ no puede quedar en el limbo porque, mientras funcione la memoria, el pasado se mantendrá vigente. Lo más triste es que esta clase de descubrimientos nos lleva a seguir perdiendo la confianza y a comprobar toda la porquería que habita en aquellas personas que han ocupado y ocupan espacios de gran importancia. Si bien, como dice el refrán: “negar es padre y madre”, la realidad es que cuando esta clase de patrañas salen a la luz los involucrados no logran tapar el sol con un dedo, hagan lo que hagan.